Joseph S. Reeding
Miles de personas mueren cada año en accidentes por inmersión y, de hecho, los casos de ahogamiento son responsables de mayor número de muertes en personas jóvenes que cualquier enfermedad. A pesar de ello, sólo en los últimos años hemos aprendido que muchas de las víctimas, aparentemente muertas, pueden ser salvadas si se les aplican en forma intensa e ininterrumpida medidas de resucitación. El conocimiento adecuado de los cambios que se producen durante la asfixia por inmersión y de cómo pueden corregirse aquéllos mediante las oportunas medidas de recuperación, exigen que todos estos enfermos deban someterse a un período de observación de 24 horas, aunque aparenten encontrarse en buenas condiciones.