Miles de personas mueren cada año en accidentes por inmersión y, de hecho, los casos de ahogamiento son responsables de mayor número de muertes en personas jóvenes que cualquier enfermedad. A pesar de ello, sólo en los últimos años hemos aprendido que muchas de las víctimas, aparentemente muertas, pueden ser salvadas si se les aplican en forma intensa e ininterrumpida medidas de resucitación. El conocimiento adecuado de los cambios que se producen durante la asfixia por inmersión y de cómo pueden corregirse aquéllos mediante las oportunas medidas de recuperación, exigen que todos estos enfermos deban someterse a un período de observación de 24 horas, aunque aparenten encontrarse en buenas condiciones.