Madrid, España
Los datos epidemiológicos más recientes estiman más de 301.884 nuevos diagnósticos de cáncer en España para el año 2026 (SEOM, 2026), lo que pone de manifiesto la necesidad de abordar esta patología desde un enfoque multidisciplinar e integral en el que el ejercicio físico puede desempeñar un papel fundamental. En este contexto, la actualización de los Hallmarks del cáncer (Hanahan, 2022) consolida la desregulación del metabolismo energético celular como una de las características definitorias de la célula tumoral. El denominado efecto Warburg —la preferencia de las células malignas por la glucólisis aeróbica como principal vía de obtención de energía, incluso en condiciones de normoxia— constituye el eje central de dicha reprogramación metabólica. Si bien inicialmente se atribuía este fenómeno a una disfunción mitocondrial intrínseca, la evidencia actual sugiere que las mitocondrias tumorales mantienen cierta funcionalidad y que el lactato, producto final de la glucólisis, no es un mero residuo metabólico, sino un metabolito con potencial acción protumoral —a través del lactate shuttle intercelular— e incluso inmunomoduladora, aunque esta línea de investigación se sustenta aun principalmente en modelos preclínicos. En cuanto al papel del ejercicio físico, este puede actuar como modulador del metabolismo oncológico tanto a nivel sistémico —mejorando la sensibilidad a la insulina, reduciendo los niveles circulantes de IGF-1, atenuando la hiperlipidemia, preservando la masa muscular esquelética y modulando la inflamación crónica de bajo grado— como a nivel intratumoral, mediante la activación de AMPK, la inhibición de la vía PI3K/AKT/mTOR y la mejora de la función mitocondrial en el propio microambiente tumoral. Todos estos mecanismos contrarrestan directamente las alteraciones metabólicas inducidas por la propia enfermedad y su tratamiento. No obstante, es imprescindible avanzar hacia una evidencia de mayor calidad metodológica en modelos clínicos que corrobore estos beneficios en pacientes oncológicos y permita establecer recomendaciones de ejercicio físico basadas en la dosis y la modalidad más adecuadas para cada contexto oncológico.