El envejecimiento de la población incrementa el gasto en salud y requiere nuevos protocolos para abordar la fragilidad, un síndrome geriátrico precursor de la dependencia. La detección temprana es crucial ya que la fragilidad puede ser reversible si se trata a tiempo, reduciendo el riesgo de eventos adversos, discapacidad y dependencia.
La atención primaria es clave para el diagnóstico y seguimiento de la fragilidad. Los principales factores de riesgo incluyen edad avanzada, hospitalizaciones recientes, comorbilidad, polifarmacia, inactividad física y aislamiento social.
El hospital de día geriátrico (HDG) ofrece atención integral a personas mayores frágiles, centrándose en la recuperación funcional y la valoración integral. Los pilares del tratamiento son el ejercicio físico, la nutrición, la correcta prescripción de medicamentos y el manejo de comorbilidades. Las intervenciones son tanto grupales, fomentando el ejercicio y la socialización, como individuales, ajustadas a las necesidades del paciente.
En conclusión, la fragilidad es tratable y potencialmente reversible con una detección y tratamiento temprano, mejorando la calidad de vida y reduciendo la progresión hacia la discapacidad.
The aging population increases healthcare costs and requires new protocols to address frailty, a geriatric syndrome that is a precursor to dependency. Early detection is crucial since frailty can be reversible if treated in time, reducing the risk of adverse events, disability, and dependency.
Primary care is key to diagnosing and monitoring frailty. The main risk factors include advanced age, recent hospitalizations, comorbidity, polypharmacy, physical inactivity, and social isolation.
The geriatric day hospital (GDH) provides comprehensive care for frail older adults, focusing on functional recovery and comprehensive assessment. The pillars of treatment are physical exercise, nutrition, proper medication management, and handling comorbidities. Interventions are both group-based, promoting exercise and socialization, and individual, tailored to the patient’s needs.
In conclusion, frailty is treatable and potentially reversible with early detection and treatment, improving quality of life and reducing the progression towards disability.