La imagen social de la vejez, así como de las personas envejecidas, es negativa, pues las relacionamos con el miedo, aislamiento, la tristeza, depresión, con las faltas de creatividad y productividad, al igual que con dificultades para valerse por sí mismas1. De ahí que la noción del envejecimiento haya impactado la estructura de la población y condicionado las relaciones intergeneracionales.