El síndrome neuroléptico maligno (SNM) es una urgencia neurológica que amenaza la vida, está asociado al uso de agentes neurolépticos y se caracteriza por un cuadro clínico distintivo de cambios en el estado mental, rigidez, fiebre y disautonomía1.
Entre los fármacos más representativos se encuentran la clorpromazina y el haloperidol, la incidencia de presentación con el uso de estos fármacos es de 0.02 a 2.4% de acuerdo con diferentes reportes2.
La presentación es insidiosa dentro de las primeras 24 a 72 horas posteriores a la exposición, se caracteriza por la presencia de fiebre, rigidez muscular, alteración del estado neurológico y alteraciones autonómicas.La fiebre es una característica invariable que por lo regular excede los 40 oC hasta en 40% de los casos, la rigidez muscular es generalizada y es probable que esté relacionada con el signo de rueda dentada; puede acompañarse de temblores y/o mioclonías; otras disfunciones neurológicas asociadas son la presencia de discinesia, disfagia, mutismo, afonía, hiperreflexia, ataxia hipotonía, nistagmos, parkinsonismo y disartria2.
El tratamiento consiste en descontinuar el fármaco desencadenante, manejo de soporte hemodinámico y prevención de complicaciones. La mortalidad resulta de las manifestaciones clínicas y las complicaciones sistémicas2.
El síndrome neuroléptico maligno se caracteriza por ser una enfermedad que además de ser poco frecuente y potencialmente letal, requiere de un diagnóstico oportuno haciendo diferenciación de otras patologías igualmente poco frecuentes y por ende desconocidas por buena parte del personal médico como la catatonia letal, y la hipertermia maligna, cuyo mecanismo fisiopatológico es completamente diferente pero que de igual manera son devastadoras y potencialmente letales1.
La mortalidad es resultado directo de las manifestaciones disautonómicas de la enfermedad y de las complicaciones sistémicas1.
Neuroleptic malignant syndrome (NMS) is a life-threatening neurological emergency associated with the use of neuroleptic agents and is characterized by a distinctive clinical picture of mental status changes, rigidity, fever and dysautonomia1.
Among the most representative drugs are chlorpromazine and haloperidol, the incidence of presentation with the use of these drugs is 0.02 to 2.4% according to different reports2.
The presentation is insidious within the first 24 to 72 hours after exposure, characterized by the presence of fever, muscle rigidity, altered neurological status and autonomic alterations. Fever is an invariable feature that usually exceeds 40 oC in up to 40% of cases, muscle rigidity is generalized and is likely to be related to the cogwheel sign; it may be accompanied by tremor and/or myoclonus; other associated neurological dysfunctions are the presence of dyskinesia, dysphagia, mutism, aphonia, hyperreflexia, ataxia, hypotonia, nystagmus, parkinsonism and dysarthria2.
Treatment consists of discontinuation of the triggering drug, hemodynamic support management and prevention of complications. Mortality results from clinical manifestations and systemic complications2.
Neuroleptic malignant syndrome is characterized by being a rare and potentially lethal disease that requires a timely diagnosis, differentiating it from other equally rare pathologies and therefore unknown to most medical personnel, such as lethal catatonia and malignant hyperthermia, whose pathophysiological mechanism is completely different but which are equally devastating and potentially lethal1 . Mortality is a direct result of the dysautonomic manifestations of the disease and systemic complications1.