La situación actual del tratamiento del asma puede resumirse diciendo que la mediocridad de los resultados obtenidos no se corresponde en absoluto con los medios de que se dispone. En efecto, ya se trate de: 1."prevención" (diagnóstico precoz de los niños con riesgo alérgico y errradicación alergénica); 2. "protección" (con cromoglucato y quetotifeno); 3. "tratamiento sintomático" (betamiméticos, teofilina, glucocorticoides), o 4. "tratamiento de fondo" (desensibilización, climatismo, reducción, crenoterapia), el conjunto de los medios terapéuticos disponibles nos autoriza a formular un pronóstico favorable en la mayoría de los casos. Entonces, ¿cómo explicar esa diferencia entre nuestras legítimas ambiciones y la mediocre realidad? Además de las dificultades inherentes al propio síndrome del asma, que presenta todavía demasiadas incógnitas, hay que invocar probablemente la responsabilidad de nuestra propia concepción del asma.
La posología, interesante cuando tiene una incidencia clínica, debería progresar. Como el término de asma infunde miedo, el médico se refugia frecuentemente en fórmulas del tipo de bronquitis asmatiforme o bronquitis espástica, con el lamentable efecto de retrasar el momento de practicar un estudio respiratorio e inmunológico completo, asi como también el de platearse una estrategia terapéutica a largo plazo. La actuación médica se limita entonces a tratamientos circunstanciales,del tipo "Fly-Tox", que se interrumpen en cuanto se ha yugulado la crisis del asma. El concepto de que el asma "se curará por sí solo con la pubertad" también resulta muy nocivo, porque es tan erróneo como desmotivador.