La introducción del tratamiento con insulina en 1923 puso de manifiesto su capacidad para salvar la vida de muchos pacientes diabéticos. Desde entonces han surgido muchos preparados de insulina y se han propuesto muchos regímenes de administración que en ocasiones pueden confundir a aquellos médicos que no tratan de forma regular a pacientes diabéticos. No existe, por otra parte, ni una dosis ni una pauta estándar para su administración, realizándose de forma empírica mediante ajustes individuales.