A mediados de los años setenta y principios de los ochenta, una serie de autores predominantemente británicos (Cooper, Sheperd, Goldberg), comenzaron a señalar primero y demostrar después, que un porcentaje significativo de los pacientes que acudían a los médicos generalistas presentaba una gran variedad de alteraciones psicopatologicas y que, por otra parte, la mayoría de los casos con alteraciones mentales no solicitaban ayuda en los servicios psiquiátricos, sino que se dirigían también a los mismos médicos generales. Estos, unas veces los identificaban como tales problemas psiquiátricos y los remitían a los servicios de salud mental, otras veces los trataban ellos mismos y otras no los detectaban.