Remigio Vela Navarrete
La llegada a la clínica de los inhibidores de la PDE-5, capitaneados por Viagra, cuyo décimo aniversario se está celebrando precisamente este año (1998-2008), ha supuesto mucho más que una revolución sexual, un aspecto sobre el que se ha hecho énfasis en repetidas ocasiones. Efectivamente, Viagra consiguió recuperar la función eréctil de un grupo importante de varones, adultos relativamente jóvenes, que por variadas razones sufrían este padecimiento, recuperando simultáneamente su autoestima, calidad de vida y una nueva forma de valorar la salud en el envejecimiento. Pero la auténtica revolución que nos ha traído Viagra ha sido renovar el interés por la salud de un grupo concreto de población, el varón añoso, extraordinariamente importante desde el punto de vista demográfico, que había permanecido olvidado en los grandes proyectos de salud, si comparado con los esfuerzos dedicados a la salud de la mujer de la misma edad, y que ahora se convertía en el mayor consumidor de este nuevo, magnífico fármaco.