Para diagnosticar el síndrome metabólico (SM) se utilizan fundamentalmente los criterios de la OMS y del ATPIII (Tabla I-Página 30).
En ambos están presentes la obesidad, perfil lipídico aterogénico, HTA y alteración de la tolerancia a la glucosa o diabetes (DM), aunque siguiendo los criterios del ATP III no es preciso tener una alteración manifiesta del metabolismo de los hidratos de carbono para padecer un SM.
En este capítulo nos centramos en el tratamiento del SM (que actualmente consiste casi de forma exclusiva en el tratamiento de sus componentes) y en la prevención del mismo. El objetivo final de la terapeútica del síndrome metabólico es la prevención del riesgo cardiovascular que conllevan sus componentes. No hay guías de tratamiento específicamente diseñadas para el SM, ahora bien, probablemente el tratamiento agresivo de sus componentes demuestre ser beneficioso para la prevención del riesgo cardiovascular.