Introducción: El uso de redes sociales en universitarios puede influir en la conducta alimentaria, la comparación corporal y la imagen corporal, factores relacionados con el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria.
Objetivos: Evaluar la asociación entre el contenido visualizado en redes sociales y el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria en estudiantes de 18 a 25 años de una universidad privada de Lima Metropolitana.
Material y métodos: Estudio observacional analítico de corte transversal. Se incluyeron 189 estudiantes seleccionados mediante muestreo no probabilístico por conveniencia. El riesgo de trastornos de la conducta alimentaria se definió con el Eating Attitudes Test-26, considerando riesgo elevado cuando el puntaje fue mayor o igual a 20. La imagen corporal se evaluó mediante el Body Shape Questionnaire. El contenido de redes sociales se midió con un instrumento adaptado a partir de estudios previos, utilizado con fines descriptivos después de una prueba piloto de claridad y comprensión. Se estimaron razones de prevalencia mediante modelos lineales generalizados con familia Poisson, enlace log y varianza robusta.
Resultados: El riesgo elevado de trastornos de la conducta alimentaria fue de 58.73% (111/189). Las plataformas más utilizadas fueron Instagram (85.71%) y TikTok (71.43%). El contenido más frecuente combinó alimentación, bienestar y entretenimiento (83.07%). No se encontró asociación estadísticamente significativa entre visualizar solo contenido de alimentación y bienestar físico y el riesgo elevado de trastornos de la conducta alimentaria (RP ajustada: 1.12; IC95%: 0.84-1.48; p=0.439). La insatisfacción corporal según BSQ ≥81 fue de 4.23% (8/189).
Discusión: Los hallazgos sugieren que la categoría general del contenido visualizado, por sí sola, no explica el riesgo de trastornos alimentarios en esta muestra. La ausencia de asociación podría relacionarse con la falta de medición del tiempo total de exposición, la intensidad de uso y variables emocionales como ansiedad, autoestima y comparación social.
Conclusiones: El contenido de redes sociales no se asoció con mayor riesgo de trastornos de la conducta alimentaria en la población estudiada. Se recomienda incorporar mediciones validadas de exposición digital, ansiedad, autoestima, comparación corporal y tiempo diario de uso en futuras investigaciones.
Introduction: Social media use among university students may influence eating behavior, body comparison, and body image, which are factors related to eating disorder risk.
Objectives: To evaluate the association between social media content viewed and eating disorder risk among students aged 18 to 25 years from a private university in Metropolitan Lima.
Material and methods: A cross-sectional analytical observational study was conducted. A total of 189 students were included through non-probabilistic convenience sampling. Eating disorder risk was assessed using the Eating Attitudes Test-26 and was defined as a score greater than or equal to 20. Body image was evaluated using the Body Shape Questionnaire. Social media content was measured using an adapted instrument based on previous studies and applied descriptively after a pilot assessment of clarity and comprehension. Prevalence ratios were estimated using generalized linear models with Poisson family, log link, and robust variance.
Results: Elevated eating disorder risk was 58.73% (111/189). Instagram (85.71%) and TikTok (71.43%) were the most frequently used platforms. The most common content combined food, wellness, and entertainment (83.07%). No statistically significant association was found between viewing only food and physical wellness content and elevated eating disorder risk (adjusted PR: 1.12; 95%CI: 0.84-1.48; p=0.439). Body dissatisfaction according to BSQ ≥81 was 4.23% (8/189).
Discussion: Findings suggest that the general category of content viewed alone does not explain eating disorder risk in this sample. The absence of association may be related to the lack of measurement of total exposure time, intensity of use, and emotional variables such as anxiety, self-esteem, and social comparison.
Conclusions: Social media content was not associated with higher eating disorder risk in the studied population. Future research should include validated measures of digital exposure, anxiety, self-esteem, body comparison, and daily social media use time.