Introducción. El bajo conocimiento del etiquetado octogonal y el aumento del consumo de los alimentos procesados en estudiantes representan un desafío en la salud pública, debido a su asociación con los patrones alimentarios poco saludables.
Objetivo. Determinar la asociación entre el conocimiento del etiquetado octogonal y el consumo de alimentos procesados en estudiantes.
Material y métodos. Estudio transversal analítico, realizado en 90 estudiantes por medio de la muestra censal. Para la variable, conocimiento del etiquetado octogonal se evaluó con un cuestionario de 10 ítems, asignándose 2 puntos por respuesta correcta. Se clasificó en nivel bajo (0 – 10 puntos) y alto (11 - 20 puntos). La otra variable, el consumo de alimentos procesados se midió por medio de un cuestionario de 62 ítems con escala ordinal. Se aplicó la estadística descriptiva y las pruebas de correlación según la distribución de los datos, evaluada por medio de la prueba de Kolmogorov-Smirnov.
Resultados. El análisis inferencial mediante Rho de Spearman mostró una relación positiva baja y significativa entre el conocimiento y el consumo de alimentos procesados (Rho=0,391; p<0,05), indicando que, aunque existe asociación, su magnitud es baja.
Discusión. El bajo índice en la asociación señala que, aparte del conocimiento, otros elementos pueden influir en el consumo de alimentos procesados.
Conclusión. Se determinó que, aunque existe una relación significativa entre variables, el nivel de conocimiento mayor no garantiza una reducción en el consumo de alimentos procesados.
Introduction. Low awareness of the octagonal label and the rise in processed food consumption among students pose a public health challenge due to their association with unhealthy eating patterns.
Objective. To determine the association between knowledge of the octagonal label and the consumption of processed foods among students.
Materials and methods. An analytical cross-sectional study was conducted among 90 students using a census sample. Knowledge of the octagonal label was assessed using a 10-item questionnaire, with 2 points assigned for each correct answer. Knowledge was classified as low (0–10 points) or high (11–20 points). The other variable, consumption of processed foods, was measured using a 62-item questionnaire with an ordinal scale. Descriptive statistics and correlation tests were applied according to the data distribution, assessed using the Kolmogorov-Smirnov test.
Results. Inferential analysis using Spearman’s rho revealed a low but significant positive relationship between knowledge and consumption of processed foods (rho = 0.391; p < 0.05), indicating that, although an association exists, its magnitude is low.
Discussion. The low strength of the association suggests that, apart from knowledge, other factors may influence the consumption of processed foods.
Conclusion. It was determined that, although there is a significant relationship between the variables, a higher level of knowledge does not guarantee a reduction in the consumption of processed foods.