La posible relación entre los trastornos de salud mental y la radicalización violenta ha generado un intenso debate tanto en el ámbito científico como en la opinión pública. Este artículo analiza el estado actual del conocimiento desde una perspectiva crítica, revisando la evidencia empírica disponible y los principales modelos teóricos explicativos. Los datos procedentes de revisiones sistemáticas y estudios empíricos coinciden en señalar que no existe una asociación causal general entre trastornos mentales y radicalización violenta o terrorismo. Si bien determinados perfiles pueden presentar vulnerabilidades psicológicas, la radicalización se configura como un proceso multifactorial, donde intervienen factores ideológicos, sociales, identitarios y contextuales. Asimismo, se examinan las implicaciones de esta falsa asociación en la práctica clínica, la investigación y las políticas públicas, destacando el riesgo de estigmatización y la ineficacia de estrategias preventivas centradas exclusivamente en variables individuales. Finalmente, se subraya el papel de la enfermería de salud mental en el abordaje integral del fenómeno, especialmente, en contextos de prevención secundaria y terciaria.