Elche, España
El debate sobre el acceso de los menores a redes sociales y plataformas digitales se ha intensificado en los últimos años, impulsado por nuevas propuestas regulatorias, restricciones de edad y una creciente preocupación por el impacto de los entornos digitales en la atención, el aprendizaje y la salud mental. Este editorial plantea que la discusión no puede reducirse a una oposición simple entre prohibición y permisividad. La evidencia disponible sugiere que el tiempo de pantalla, por sí solo, es un indicador insuficiente para comprender los efectos de la tecnología digital. Es necesario atender al tipo de plataforma, al modelo de interacción, al diseño persuasivo, a los contenidos consumidos y a los procesos psicológicos que se activan durante el uso, como la comparación social, la búsqueda de validación o la regulación emocional desadaptativa. Asimismo, se defiende una prudencia terminológica en torno al concepto de “adicción” a las redes sociales, para evitar tanto la patologización del uso frecuente como la invisibilización de usos realmente problemáticos. Frente a respuestas simplificadoras, se propone una estrategia combinada: retrasar el acceso cuando sea razonable, limitar el uso en contextos educativos, regular el diseño de las plataformas y promover una alfabetización digital crítica, emocional y socialmente responsable
The debate on minors’ access to social media and digital platforms has intensified in recent years, driven by new regulatory proposals, age restrictions, and growing concern about the impact of digital environments on attention, learning, and mental health. This editorial argues that the discussion cannot be reduced to a simple opposition between prohibition and permissiveness. Current evidence suggests that screen time alone is an insufficient indicator for understanding the effects of digital technology. Greater attention should be paid to the type of platform, the interaction model, persuasive design features, the content consumed, and the psychological processes activated during use, such as social comparison, validation seeking, and maladaptive emotion regulation. The editorial also calls for terminological caution regarding the concept of social media “addiction”, in order to avoid both the overpathologization of frequent use and the underrecognition of genuinely problematic patterns. Rather than relying on simplistic responses, a combined strategy is proposed: delaying access when reasonable, limiting use in educational contexts, regulating platform design, and promoting critical, emotional, and socially responsible digital literacy