Jesús Ranz Aperte
Recuerdo con bastante claridad el día en que entró en la consulta una mujer de mediana edad, alrededor de los cuarenta y tantos o cincuenta años, con un aspecto completamente normal. Nada llamaba especialmente la atención en ella. Me comentó que venía por un dolor en una de sus piernas, algo bastante habitual en una clínica privada de fisioterapia. En un primer momento, parecía un caso más dentro de la rutina diaria [Fragmento de texto].