Pamplona, España
Cuando terminé el grado de Enfermería tenía dudas, que a día hoy sé que eran mecanismos de defensa, murallas que había levantado sin ser del todo consciente. Eran ideas firmes, casi inamovibles, que me ayudaban a imaginar un futuro profesional más seguro, menos doloroso. Una de ellas y quizá la más contundente era que no quería trabajar ni en oncología ni en cuidados paliativos. Lo que menos me atraía era pensar en acompañar procesos donde la curación no era posible, donde el horizonte se iba estrechando hasta encontrarse de frente con la muerte [Fragmento de texto].