El shock cardiogénico (SC) es el estadio más grave de la insuficiencia cardíaca, caracterizado por hipoperfusión tisular sostenida debido a grave disfunción miocárdica, lo que conlleva una elevada mortalidad del 30‑60 % a 30 días, incluso con manejo óptimo. En el quirófano y UCI, el SC plantea retos críticos dada la complejidad fisiopatológica, la presencia de acceso vascular, vía aérea controlada y monitorización avanzada. En este contexto, la identificación temprana y la clasificación hemodinámica (fase A–E, SCAI) posibilitan una estratificación adecuada y la adaptación de estrategias terapéuticas concretas. El diagnóstico se basa en hipotensión (PAS<90 mmHg), presión de perfusión reducida, elevados niveles de lactato y evidencia ecocardiográfica de disfunción miocárdica. El tratamiento combina soporte farmacológico (dobutamina, norepinefrina, vasopresina), optimización de la ventilación mecánica y corrección de causas subyacentes como isquemia, valvulopatías o complicaciones mecánicas. En el quirófano, la anestesia general y la monitorización invasiva permiten intervención precoz, mientras que, en UCI, se recurre a asistencia mecánica como balón intraaórtico, ECMO o dispositivos percutáneos en unidades especializadas. El soporte de órganos (renal, ventilatorio) y la revascularización coronaria urgente son bases fundamentales. A pesar de estas medidas, el pronóstico sigue dependiente de la rapidez en la reversión del desequilibrio circulatorio, y las complicaciones multiorgánicas limitan la supervivencia. Se requiere un enfoque multidisciplinar, experiencia quirúrgica y anestésica, y aplicación de protocolos actuales (Guías AHA/ESC, Código Shock) para optimizar el pronóstico. Este artículo proporciona una guía actualizada del SC orientada a anestesiólogos e intensivistas en entornos de alta complejidad.
Cardiogenic shock (CS) represents the most severe stage of heart failure, characterized by tissue hypoperfusion due to critical myocardial dysfunction, with 30‑day mortality rates between 30‑60 %, even under optimal care. In the operating room and ICU, CS poses intricate challenges due to its pathophysiology and the availability of advanced monitoring, vascular access, and airway control. Early recognition and hemodynamic classification (SCAI stages A–E) enable appropriate risk stratification and tailored therapeutic strategies. Diagnosis relies on hypotension (SBP<90 mmHg), reduced perfusion pressure, elevated lactate, and echocardiographic evidence of myocardial dysfunction. Management includes pharmacologic support (dobutamine, norepinephrine, vasopressin), optimized mechanical ventilation, and treatment of underlying causes such as ischemia, valvular lesions, or mechanical complications. In the operating theatre, general anesthesia with invasive monitoring allows for immediate intervention, while ICU management includes mechanical circulatory support—such as intra‑aortic balloon pump, ECMO, or percutaneous devices—in dedicated centers. Organ support (renal, respiratory) and urgent coronary reperfusion are foundational. Despite interventions, prognosis remains contingent on prompt reversal of circulatory compromise, and multiorgan dysfunction limits outcomes. A multidisciplinary approach, surgical expertise, and adherence to current guidelines (AHA/ESC, Shock Code) are essential. This article offers an updated CS management framework focused on anesthesiologists and intensivists in high‑acuity settings.