Delia González de la Cuesta
La desnutrición es una enfermedad muy frecuente entre los pacientes hospitalizados en los países desarrollados, contribuyendo a la aparición de resultados negativos para la salud y aumentando los costes de la atención médica. La inexistencia de una definición universalmente aceptada y de criterios de diagnóstico estandarizados para la desnutrición ha llevado al desarrollo de diversas herramientas de detección cada una con una validez distinta, por lo que se complica su identificación y dificulta aplicar estrategias de intervención eficaces.
Es crucial determinar este riesgo en el momento del ingreso hospitalario por lo que la herramienta a utilizar debe tener una alta validez, confiabilidad y concordancia que garantice una identificación precisa del riesgo además de minimizar el sesgo subjetivo y ser rápida y fácil de aplicar.
Estas diferencias han llevado a las principales sociedades de nutrición clínica a desarrollar sus propios criterios. La Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN) requiere de parámetros donde se incluye el índice de masa corporal (IMC), diagnostica la desnutrición con parámetros que incluyen pérdida de peso, ingesta reciente de alimentos, medición de masa muscular y gravedad de la enfermedad. Un esfuerzo para unificar todos estos criterios de las diferentes asociaciones científicas mundiales de nutrición es el desarrollo de los criterios de la Iniciativa de Liderazgo Global sobre Desnutrición (GLIM) que, aunque prometedores, son relativamente nuevos y pueden requerir un mayor refinamiento y evaluación en diferentes poblaciones y entornos.