José María Monreal Guijarro
Introducción: La terapia de tracción peneana con extensores se emplea en la enfermedad de Peyronie y en la rehabilitación andrológica, especialmente tras la prostatectomía. El interés clínico ha crecido con dispositivos que reducen el tiempo diario de uso, pero persisten dudas sobre la magnitud del beneficio, la adherencia y la calidad metodológica de los estudios. Objetivos: Sintetizar la evidencia reciente sobre eficacia, seguridad y adherencia de la terapia de tracción peneana con extensores, e identificar vacíos de conocimiento que orienten futuras investigaciones y la práctica de enfermería. Materiales y métodos: Revisión narrativa de la literatura (2014–2025) en PubMed, combinando términos controlados de Medical Subject Headings y términos de texto libre. Se priorizaron ensayos clínicos aleatorizados, estudios controlados y revisiones sistemáticas y metaanálisis; se excluyeron series muy pequeñas, editoriales y duplicados. Se recogieron curvatura en grados, longitud peneana, función sexual mediante cuestionarios validados, eventos adversos y datos de adherencia. Resultados: Los ensayos clínicos y los estudios controlados muestran una señal de eficacia para reducir la curvatura y preservar o ganar longitud con dispositivos modernos usados entre 30 y 90 minutos al día, con eventos adversos leves y transitorios. En la fase estable de la enfermedad de Peyronie se describen reducciones de curvatura e incremento de longitud; en la fase aguda se observan mejoras en dolor, curvatura y función sexual. Tras la prostatectomía, se ha registrado preservación o ganancia de longitud y mejoría de dominios sexuales frente a no tratamiento. Las revisiones sistemáticas confirman el efecto sobre la curvatura, aunque la certeza global es baja a moderada por heterogeneidad, tamaños muestrales modestos y escasa monitorización objetiva de la adherencia. Conclusiones: La terapia de tracción peneana con extensores es una opción conservadora razonable y con buen perfil de seguridad. Se precisan ensayos multicéntricos con seguimiento prolongado, estandarización de la dosis-tiempo de tracción, monitorización objetiva de la adherencia y desenlaces centrados en el paciente.
Introduction: Penile traction therapy using extenders is applied to Peyronie’s disease and to andrological rehabilitation, notably after radical prostatectomy. Interest has increased with newer devices that require shorter daily wear, yet questions remain about effect size, adherence, and methodological quality. Objectives: To synthesize recent evidence on the efficacy, safety, and adherence of penile traction therapy with extenders, and to identify knowledge gaps that should guide future research and nursing practice. Materials and methods: Narrative literature review (2014–2025) in PubMed using Medical Subject Headings controlled terms and free-text terms. Randomized clinical trials, controlled studies, and systematic reviews and meta-analyses were prioritized; very small series, editorials, and duplicates were excluded. Extracted outcomes included curvature in degrees, penile length, sexual function assessed by validated questionnaires, adverse events, and adherence data. Results: Randomized clinical trials and controlled studies show efficacy signals for curvature reduction and length preservation or gain with modern devices worn 30 to 90 minutes per day, with mostly mild and transient adverse events. In stable Peyronie’s disease, reductions in curvature and increases in length are reported; in the acute phase, improvements in pain, curvature, and sexual function are described. After prostatectomy, data indicate length preservation or gain and improvements in sexual domains versus no treatment. Systematic reviews corroborate an effect on curvature, while overall certainty remains low to moderate due to heterogeneity, modest sample sizes, and limited objective adherence monitoring. Conclusions: Penile traction therapy with extenders is a reasonable, conservative option with a favorable safety profile. Multicenter trials with longer follow-up, standardized dose-time protocols, objective adherence tracking, and patient-centered outcomes are needed.