Hacía poco que había comenzado mi turno de doce horas en mi segunda guardia en Emergencias de Atención Primaria; estaba trabajando en mi ordenador cuando mi compañera Ana entró y me pidió que le hiciera un electro a una chica que venía con un ataque de ansiedad. Ella la había atendido en el triaje y, antes de pasarla a la consulta con el médico, decidió pedirle un electrocardiograma. Yo estaba cubriendo en ese momento la realización de pruebas y la aplicación de tratamientos, así que me encontraba en la consulta donde están toda la aparatología y los medicamentos [Fragmento de texto].