Editorial ¿De qué manera una universidad demuestra realmente su impacto en la sociedad? Esta pregunta es cada vez más recurrente en los debates académicos en América Latina. ¿Cuál es el camino más pertinente y coherente? La respuesta se hace cada vez más evidente, a través de la extensión universitaria o vinculación con el medio.
En la actualidad, la extensión se entiende como “un componente integral y multifacético dentro de las instituciones de educación superior, que actúa no solo como transmisora de conocimientos, sino también como agente de cambio social” (1).
Desde esta perspectiva, la universidad adquiere pertinencia social al traducir la investigación y la formación en programas, servicios y acciones de cuidado que impactan directamente en la vida de las personas mayores, sus familias y cuidadores (2). En el campo de la gerontología y la geriatría, esta misión se vuelve aún más urgente, porque allí convergen múltiples necesidades de salud y bienestar: la prevención de riesgos, el fortalecimiento de la autonomía, el acompañamiento frente a la fragilidad y la dependencia, la motivación para adoptar hábitos que favorezcan un envejecimiento saludable y, de manera transversal, la promoción de la calidad de vida (3). Es en este escenario, donde se pone a prueba la capacidad transformadora del vínculo entre universidad y sociedad.
Abstract How does a university truly demonstrate its impact on society? This question is increasingly recurring in academic debates in Latin America. What is the most relevant and coherent path? The answer is becoming increasingly clear: through university extension or community outreach.
Currently, outreach is understood as “an integral and multifaceted component within higher education institutions, acting not only as a transmitter of knowledge, but also as an agent of social change” (1).
From this perspective, the university acquires social relevance by translating research and training into programs, services, and care actions that directly impact the lives of older adults, their families, and caregivers (2). In the field of gerontology and geriatrics, this mission becomes even more urgent, because it is where multiple health and well-being needs converge: risk prevention, strengthening autonomy, support in the face of frailty and dependence, motivation to adopt habits that promote healthy aging, and, across the board, the promotion of quality of life (3). It is in this scenario that the transformative capacity of the link between universities and society is put to the test.