Steven Vicente Chávez Narváez
, Magaly Melina Llamuca Brito
, Annya Jelitza Carrera Romero
, María Elena Ceballos Velásquez
, Juan Pablo Morcillo Bolaños
La cirugía de revascularización miocárdica (CRM) es el tratamiento de elección para la enfermedad arterial coronaria compleja. La estrategia anestésica seleccionada es un pilar fundamental para modular la respuesta fisiopatológica perioperatoria, influyendo decisivamente en los desenlaces hemodinámicos y neurológicos. Esta revisión analiza de forma crítica las principales estrategias anestésicas, incluyendo la anestesia general balanceada con agentes volátiles, la anestesia total intravenosa (TIVA), y los enfoques multimodales con anestesia regional. Se evalúa el impacto de estas estrategias en la estabilidad hemodinámica —control de la presión arterial, optimización del gasto cardíaco y prevención de la lesión por isquemia-reperfusión— y en la prevención de complicaciones neurológicas como el delirio postoperatorio, el accidente cerebrovascular y la disfunción cognitiva. A la luz de la evidencia actual, los anestésicos volátiles (sevoflurano, desflurano) son preferidos por muchos clínicos debido a sus propiedades de preacondicionamiento y posacondicionamiento isquémico, que atenúan el daño miocárdico. Por otro lado, la TIVA, basada en propofol y remifentanilo, se asocia a una recuperación más rápida y a una menor respuesta inflamatoria, siendo una pieza clave en los protocolos de recuperación acelerada (fast-track). La monitorización avanzada, que incluye ecocardiografía transesofágica, espectroscopia de infrarrojo cercano (NIRS) para la oximetría cerebral y electroencefalografía procesada (pEEG), es indispensable para individualizar el manejo, guiar la terapia hemodinámica y minimizar la isquemia cerebral. Un enfoque anestésico individualizado, integrado en un equipo multidisciplinario, ha demostrado reducir la morbimortalidad a 30 días y optimizar la recuperación funcional. Se necesitan más estudios para definir la estrategia óptima en subpoblaciones de alto riesgo.
Coronary artery bypass grafting (CABG) remains the treatment of choice for complex coronary artery disease. The selected anesthetic strategy plays a pivotal role in modulating the perioperative pathophysiological response, exerting a decisive influence on both hemodynamic and neurological outcomes. This review critically analyzes the main anesthetic approaches, including balanced general anesthesia with volatile agents, total intravenous anesthesia (TIVA), and multimodal techniques incorporating regional anesthesia. The impact of these strategies on hemodynamic stability—blood pressure control, optimization of cardiac output, and prevention of ischemia-reperfusion injury—and on the prevention of neurological complications such as postoperative delirium, stroke, and cognitive dysfunction is evaluated.
According to current evidence, volatile anesthetics (sevoflurane, desflurane) are favored by many clinicians due to their ischemic preconditioning and postconditioning properties, which mitigate myocardial injury. Conversely, TIVA—typically based on propofol and remifentanil—is associated with faster recovery and reduced inflammatory response, representing a cornerstone of enhanced recovery (“fast-track”) protocols. Advanced monitoring, including transesophageal echocardiography, near-infrared spectroscopy (NIRS) for cerebral oximetry, and processed electroencephalography (pEEG), is essential for individualized management, guiding hemodynamic therapy, and minimizing cerebral ischemia.
An individualized anesthetic approach, integrated within a multidisciplinary team, has been shown to reduce 30-day morbidity and mortality while optimizing functional recovery. Further studies are warranted to define the optimal anesthetic strategy in high-risk subpopulations.