Gema Reina Rodríguez, Lucía Geniz Rodríguez, Alfredo García Ruiz
El trasplante renal constituye la opción terapéutica más eficaz para pacientes con enfermedad renal terminal, al mejorar supervivencia y calidad de vida frente a la diálisis. No obstante, el éxito a largo plazo depende en gran medida de la adherencia al tratamiento inmunosupresor, ya que su incumplimiento se asocia con rechazo del injerto, complicaciones clínicas y mayor gasto sanitario. En este contexto, las intervenciones de enfermería centradas en educación y seguimiento han adquirido relevancia como estrategia para promover conductas de autocuidado y garantizar continuidad terapéutica.
Los hallazgos muestran que las intervenciones más efectivas fueron multicomponentes, combinando sesiones educativas estructuradas, counselling individual, recordatorios electrónicos o telefónicos y retroalimentación al equipo clínico. Dichas estrategias se asociaron a mejoras significativas en adherencia y, en algunos casos, en conocimiento del régimen terapéutico y parámetros de función renal. Sin embargo, los efectos sobre calidad de vida, rechazo del injerto o mortalidad fueron menos consistentes y, en ocasiones, no estadísticamente significativos. Además, se identificaron limitaciones metodológicas como la heterogeneidad en las medidas de adherencia, tamaños muestrales reducidos, escasa generalización a distintos contextos y dificultades para sostener los efectos en el largo plazo.
En conclusión, las intervenciones de enfermería basadas en educación y seguimiento representan una herramienta eficaz para mejorar la adherencia al tratamiento inmunosupresor en trasplante renal, aunque su impacto clínico definitivo requiere estudios más robustos, multicéntricos y de mayor duración.
Background: Kidney transplantation is the most effective therapeutic option for patients with end-stage renal disease, improving survival and quality of life compared to dialysis. However, long-term success largely depends on adherence to immunosuppressive therapy, as noncompliance is associated with graft rejection, clinical complications, and increased healthcare costs. In this context, nursing interventions focused on education and follow-up have become important strategies to promote self-care behaviors and ensure continuity of therapy.
Results: Evidence indicates that the most effective interventions were multicomponent, combining structured educational sessions, individual counseling, electronic or telephone reminders, and feedback to the clinical team. These strategies were associated with significant improvements in adherence and, in some cases, in knowledge of the therapeutic regimen and renal function parameters. However, effects on quality of life, graft rejection, or mortality were less consistent and sometimes not statistically significant. Methodological limitations identified include heterogeneity in adherence measures, small sample sizes, limited generalizability to different contexts, and challenges in sustaining long-term effects.
Conclusion: Nursing interventions based on education and follow-up represent an effective tool to improve adherence to immunosuppressive therapy in kidney transplant recipients, although their definitive clinical impact requires more robust, multicenter, and long-term studies.