El trasplante renal es la mejor opción terapéutica en enfermedad renal crónica avanzada, ya que mejora la supervivencia y la calidad de vida frente a la diálisis. Sin embargo, persisten limitaciones en áreas como la salud mental, la vitalidad y la integración social. Se realizó una revisión sistemática siguiendo PRISMA 2020 en PubMed, Embase, Scopus, CINAHL y LILACS, incluyendo estudios entre 2015 y 2025 con adultos trasplantados renales que evaluarán calidad de vida y cuidados de enfermería. Los resultados muestran que el trasplante mejora principalmente la función física y la percepción de salud general, mientras que los aspectos emocionales y sociales continúan siendo los más afectados. Las intervenciones de enfermería (educación sanitaria, cuidados transicionales, programas de autocuidado y ejercicio supervisado) favorecen la adherencia, el bienestar físico y el apoyo psicosocial, aunque se señalan barreras como falta de recursos y variabilidad en los programas. En conclusión, la enfermería es clave para potenciar la calidad de vida post-trasplante, especialmente en dominios emocionales y sociales, por lo que se requiere implementar estrategias estandarizadas y sostenibles que refuercen su papel en el cuidado integral.
Kidney transplantation is the best therapeutic option for advanced chronic kidney disease, as it improves survival and quality of life compared to dialysis. However, limitations persist in areas such as mental health, vitality, and social integration. A systematic review was conducted following PRISMA 2020 guidelines in PubMed, Embase, Scopus, CINAHL, and LILACS, including studies from 2015 to 2025 involving adult kidney transplant recipients that assessed quality of life and nursing care. Results show that transplantation primarily improves physical function and general health perception, while emotional and social aspects remain the most affected. Nursing interventions (health education, transitional care, self-care programs, and supervised exercise) promote adherence, physical well-being, and psychosocial support, although barriers such as lack of resources and variability in programs are noted. In conclusion, nursing is key to enhancing post-transplant quality of life, especially in emotional and social domains, highlighting the need to implement standardized and sustainable strategies that strengthen its role in comprehensive care.