Gema Reina Rodríguez, Alfredo García Ruiz, Lucía Geniz Rodríguez
El uso del urímetro en pacientes urológicos permite una monitorización precisa de la diuresis, especialmente en contextos críticos y posquirúrgicos. No obstante, su utilización conlleva un riesgo elevado de infecciones del tracto urinario asociadas a catéter (ITU-DA), que representan hasta el 40 % de las infecciones nosocomiales. La evidencia científica muestra que la incidencia de bacteriuria aumenta entre un 3 % y un 10 % por cada día de cateterización, lo que subraya la importancia de estrategias preventivas basadas en asepsia. Entre las medidas más efectivas destacan: la inserción con técnica estéril, el mantenimiento de un sistema cerrado, la higiene perimeatal adecuada (con especial eficacia de la clorhexidina en pacientes críticos) y la recolección de muestras mediante puertos estériles. Asimismo, la capacitación continua del personal de salud y la evaluación diaria de la necesidad del dispositivo son fundamentales para reducir complicaciones, disminuir la estancia hospitalaria y optimizar los costos sanitarios. El cumplimiento estricto de estas prácticas, apoyado en protocolos institucionales y guías internacionales, constituye la base para garantizar la seguridad del paciente urológico.
The use of a urinometer in urological patients enables precise monitoring of diuresis, particularly in critical care and postoperative settings. However, its use carries a high risk of catheter-associated urinary tract infections (CAUTIs), which account for up to 40% of nosocomial infections. Scientific evidence indicates that the incidence of bacteriuria increases by 3–10% for each day of catheterization, underscoring the importance of asepsis-based preventive strategies. Among the most effective measures are: insertion using sterile technique, maintenance of a closed drainage system, appropriate perimeatal hygiene (with chlorhexidine demonstrating particular efficacy in critically ill patients), and sample collection via sterile ports. In addition, continuous training of healthcare personnel and daily assessment of device necessity are essential to reduce complications, shorten hospital stays, and optimize healthcare costs. Strict adherence to these practices, supported by institutional protocols and international guidelines, forms the foundation for ensuring the safety of urological patients.