Paula García Ozcoz, Ana Guajardo Iguaz, Laura Llovera García, María Camats Artaso, Sandra Oliver Hernández, Rocío Esteve Ibáñez
Se presenta el caso de un varón de 28 años con un trastorno de despersonalización-desrealización (DPDR) persistente de más de 5 años de evolución. El paciente refería sensación continua de extrañeza respecto a sí mismo, su cuerpo y el entorno, con marcado impacto en la funcionalidad laboral y social. Tras múltiples evaluaciones médicas y psiquiátricas, no se hallaron otras patologías concomitantes que explicaran el cuadro. Se ensayaron distintos tratamientos farmacológicos (ISRS, ansiolíticos, lamotrigina) y psicoterapia cognitivo-conductual, con mejoras parciales y fluctuantes.
Finalmente, se instauró un abordaje combinado con terapia cognitivo-conductual centrada en la despersonalización, técnicas de grounding y optimización farmacológica con lamotrigina y escitalopram, que permitió una reducción significativa de los síntomas y la reincorporación gradual del paciente a su vida laboral. Este caso subraya la importancia del diagnóstico temprano del DPDR, un trastorno frecuentemente infradiagnosticado, y el papel de enfermería y medicina en el acompañamiento, la monitorización del estado funcional y la adherencia terapéutica.
We report the case of a 28-year-old man with persistent depersonalization-derealization disorder (DPDR) lasting over 5 years. The patient described continuous feelings of detachment from himself, his body, and his surroundings, with severe impairment in occupational and social functioning. Extensive medical and psychiatric evaluations ruled out other comorbid conditions. Several pharmacological trials (SSRIs, anxiolytics, lamotrigine) and cognitive-behavioral therapy were attempted, with partial and fluctuating responses. Ultimately, a combined approach including CBT focused on depersonalization, grounding techniques, and pharmacological optimization with lamotrigine and escitalopram led to significant symptom reduction and gradual reintegration into work life. This case highlights the importance of early recognition of DPDR, a frequently underdiagnosed disorder, and the role of nursing in monitoring functional status, therapeutic adherence, and psychosocial support.