La presencia de cuerpos extraños en el conducto auditivo externo constituye un motivo frecuente de consulta en los servicios de urgencias pediátricas. Aunque la mayoría de ellos son inertes, en algunos casos puede tratarse de organismos vivos, generalmente insectos, lo que representa un reto diagnóstico y terapéutico. Los insectos vivos en el canal auditivo pueden causar síntomas como otalgia, sensación de cuerpo extraño, hipoacusia o zumbidos, aunque en muchos casos los pacientes permanecen asintomáticos. Su movilidad puede aumentar el riesgo de lesiones locales, incluyendo la perforación timpánica, por lo que la primera medida terapéutica consiste en la inmovilización del insecto.
Se presenta el caso clínico de un paciente varón de 6 años que acude a urgencias por molestias óticas tras haber estado en la piscina. La otoscopia revela la presencia de una hormiga viva en el conducto auditivo demostrando integridad de la membrana timpánica sin otras lesiones asociadas. Se realiza instilación de suero salino fisiológico con el objetivo de inmovilizar al insecto. Mediante inclinación de la cabeza se facilita la salida espontánea del insecto junto con el líquido introducido. El paciente es dado de alta sin complicaciones.
La instilación de soluciones acuosas o antisépticos no ototóxicos constituye una técnica segura, eficaz y bien tolerada. Su uso debe considerarse siempre que se descarte una perforación timpánica, la presencia de cuerpos expansibles y evitando sustancias potencialmente nocivas que puedan agravar el cuadro clínico.
The presence of foreign bodies in the external auditory canal is a common reason for consultation in pediatric emergency departments. Although most are inert, some cases involve living organisms, typically insects, which pose additional diagnostic and therapeutic challenges. Live insects in the ear canal can cause symptoms such as otalgia, foreign body sensation, hearing loss, or tinnitus, although many patients may remain asymptomatic. The mobility of the insect increases the risk of local injury, including tympanic membrane perforation; therefore, the first therapeutic measure should be its immobilization.
We present the clinical case of a 6-year-old male patient who visited the emergency department with right ear discomfort after swimming in a pool. Otoscopy examination revealed a live ant in the external auditory canal, with an intact tympanic membrane and no associated injuries. Physiological saline was instilled to immobilize the insect. Tilting of the patient’s head facilitated the spontaneous expulsion of the insect along with the instilled fluid. The patient was discharged without complications.
The instillation of aqueous solutions or non-ototoxic antiseptics is a safe, effective, and well-tolerated technique. Its use should be considered when tympanic membrane perforation and expansible foreign bodies have been ruled out, and substances with potential ototoxicity or risk of worsening the clinical condition should be avoided.