María Montero García, Isabel Jiménez Lupiañez, María Magdalena Martínez Llaría, Roxana Isabel Singo Guamanarca, Noelia Bueno Loraque, Ana Lorente Rubio
La esquizofrenia, tradicionalmente considerada una enfermedad de inicio temprano, puede manifestarse también en edades avanzadas, lo que representa un reto diagnóstico y terapéutico significativo. Este artículo presenta el caso de un paciente de 80 años que ingresa tras un traumatismo craneoencefálico en el contexto de un brote psicótico, con síntomas como delirios de persecución, zoopsias, inquietud psicomotriz e ideación de fuga. El paciente no tenía antecedentes psiquiátricos ni deterioro cognitivo previo conocido. Durante su evolución, se perfila un cuadro clínico compatible con esquizofrenia de inicio tardío con posibles signos de deterioro neurocognitivo mixto (vascular y frontotemporal), complicando el diagnóstico diferencial con otros trastornos como las demencias.
El abordaje terapéutico requirió varios ajustes, iniciándose con Aripiprazol y Olanzapina sin respuesta favorable. Posteriormente se introdujo clozapina, con mejoría del cuadro psicótico, aunque con necesidad de titulación cuidadosa y medidas preventivas ante posibles efectos adversos hematológicos. Se añadió Quetiapina y Lormetazepam por insomnio persistente y Pregabalina para la ansiedad diurna. Como efecto adverso relevante, el paciente desarrolló parkinsonismo inducido por neurolépticos, aumentando el riesgo de caídas, por lo que se implementaron medidas de rehabilitación física y estimulación cognitiva.
Este caso subraya la importancia de considerar el diagnóstico de esquizofrenia de inicio tardío en personas mayores sin antecedentes psiquiátricos, y de manejar cuidadosamente el tratamiento farmacológico debido a la vulnerabilidad de esta población.
Schizophrenia, traditionally considered an early-onset disorder, can also manifest in advanced age, posing significant diagnostic and therapeutic challenges. This article presents the case of an 80-year-old patient admitted after a traumatic brain injury in the context of a psychotic episode, presenting with persecutory delusions, zoopsias, psychomotor agitation, and escape ideation. The patient had no prior psychiatric history or known cognitive impairment. Over the course of hospitalization, a clinical picture emerged consistent with late-onset schizophrenia, with possible signs of mixed neurocognitive decline (vascular and frontotemporal), complicating the differential diagnosis with other disorders such as dementia.
The therapeutic approach required several adjustments, beginning with aripiprazole and olanzapine, which showed no clinical improvement. Clozapine was subsequently introduced, leading to a reduction in psychotic symptoms, although requiring careful titration and preventive measures due to potential hematologic adverse effects. Quetiapine and Lormetazepam were added for persistent insomnia, and pregabalin was used to manage daytime anxiety. A notable adverse effect was the development of antipsychotic-induced parkinsonism, which increased the patient’s risk of falls. Consequently, physical rehabilitation and cognitive stimulation strategies were implemented.
This case highlights the importance of considering the diagnosis of late-onset schizophrenia in elderly individuals without previous psychiatric history and emphasizes the need for cautious pharmacological management due to the increased vulnerability of this population.