Laura López Nolasco, Cristina Pérez Villalba, Inés Zarralanga Izaga, Inés Postigo Herrero, Marta Leza Gracia
Los cuidados paliativos se enfocan en mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades graves y de sus familias, abordando síntomas físicos, emocionales, sociales y espirituales. Pueden aplicarse junto a tratamientos curativos y son útiles en múltiples patologías, como cáncer, enfermedades cardíacas o neurológicas. Entre los síntomas que mejoran se incluyen el dolor, la disnea, la fatiga o los problemas emocionales.
El dolor, síntoma frecuente y limitante, puede ser agudo o crónico y requiere una evaluación integral que contemple localización, intensidad, características y repercusión en la vida diaria. Se emplean escalas unidimensionales (como la EVA) o multidimensionales, así como indicadores fisiológicos, especialmente en pacientes que no pueden comunicarse verbalmente.
El tratamiento farmacológico se basa en la escalera analgésica de la OMS y en principios como la individualización de dosis, la preferencia por la vía oral, la administración a intervalos regulares y la elección del fármaco según la intensidad del dolor.
La enfermería desempeña un papel central, siendo responsable de la valoración continua, la administración oportuna de analgesia, el control de efectos secundarios y la educación de pacientes y cuidadores. Además, fomenta el uso de intervenciones no farmacológicas (relajación, masajes, musicoterapia) como complemento. También combate mitos sobre el uso de opioides y promueve la participación familiar en el registro y seguimiento del dolor.
El objetivo final es mantener la mayor autonomía, confort y dignidad posible, con un enfoque ético y personalizado.
Palliative care focuses on improving the quality of life of patients with serious illnesses and their families, addressing physical, emotional, social, and spiritual symptoms. It can be provided alongside curative treatments and is beneficial for multiple conditions, such as cancer, cardiac diseases, or neurological disorders. Symptoms that may improve include pain, dyspnea, fatigue, and emotional distress.
Pain, a frequent and limiting symptom, can be acute or chronic and requires a comprehensive assessment that considers location, intensity, characteristics, and its impact on daily life. Unidimensional scales (such as the Visual Analogue Scale) or multidimensional tools are used, as well as physiological indicators, especially in patients who cannot communicate verbally.
Pharmacological treatment is based on the WHO analgesic ladder and on principles such as individualized dosing, preference for the oral route, administration at regular intervals, and drug selection according to pain intensity.
Nursing plays a central role, being responsible for continuous assessment, timely administration of analgesia, monitoring side effects, and educating patients and caregivers. It also promotes the use of non-pharmacological interventions (relaxation, massage, music therapy) as a complement. In addition, it addresses myths surrounding opioid use and encourages family participation in recording and monitoring pain.
The ultimate goal is to preserve the highest possible level of autonomy, comfort, and dignity, with an ethical and personalized approach.