Luisa Fernanda Calderón Sánchez
Era una tarde en el servicio de urgencias durante la pandemia por Covid-19. El cansancio se acumulaba tras semanas de sobrecarga asistencial, y el ambiente estaba impregnado de una tensión constante que ya formaba parte de nuestra rutina. Las camillas se alineaban en los pasillos, los monitores no dejaban de sonar y el flujo de pacientes parecía inagotable [Fragmento de texto].