Inés Zarralanga Izaga, Inés Postigo Herrero, Marta Leza Gracia, Laura López Nolasco, Cristina Pérez Villalba
La anticoncepción hormonal combinada, especialmente en su presentación oral, es uno de los métodos anticonceptivos más utilizados en España y a nivel mundial. Su eficacia y perfil de seguridad son elevados, aunque, como todo fármaco, puede producir efectos adversos. Entre los más relevantes se encuentra el aumento del riesgo de tromboembolismo venoso (TEV), cuya manifestación más grave es la embolia pulmonar (EP).
Los anticonceptivos orales combinados (AOC) contienen estrógenos y progestágenos, cuya combinación favorece un estado procoagulante. El estrógeno incrementa la síntesis hepática de factores de coagulación y reduce proteínas anticoagulantes, mientras que ciertos progestágenos de tercera generación (desogestrel, gestodeno) y cuarta generación (drospirenona) se asocian a un riesgo adicional. La incidencia de TEV en mujeres que no utilizan AOC es de 2/10.000, aumentando a 5–7/10.000 con píldoras de segunda generación y hasta 9–12/10.000 con las de tercera generación.
El análisis de siete estudios (observacionales, casos y controles, y revisiones) confirma que el uso de AOC se asocia a un incremento del riesgo de TEV y EP, con riesgos relativos entre 3,5 y 4,2 según la cohorte analizada. Factores como la edad (>30 años), tabaquismo, obesidad, antecedentes trombóticos, dosis altas de estrógeno, tipo de progestágeno y nivel socioeconómico bajo potencian dicho riesgo.
La EP puede cursar de forma asintomática o con clínica variable, siendo más frecuentes la disnea súbita, dolor torácico pleurítico y síncope. Sus secuelas incluyen hipertensión pulmonar crónica y daño permanente en el parénquima pulmonar.
Estos hallazgos refuerzan la importancia de una prescripción individualizada, valorando el perfil de riesgo y priorizando formulaciones con dosis hormonales bajas y progestágenos de generaciones más seguras. La identificación y control de factores predisponentes es clave para minimizar complicaciones graves como la embolia pulmonar.
Combined hormonal contraception, particularly in its oral form, is among the most widely used contraceptive methods in Spain and worldwide. It has high efficacy and a favorable safety profile; however, like any medication, it can cause adverse effects. One of the most significant is the increased risk of venous thromboembolism (VTE), with pulmonary embolism (PE) being its most severe manifestation.
Combined oral contraceptives (COCs) contain estrogens and progestogens, whose combination promotes a procoagulant state. Estrogen increases hepatic synthesis of coagulation factors and reduces anticoagulant proteins, while certain third-generation progestogens (desogestrel, gestodene) and fourth-generation progestogens (drospirenone) are associated with an additional risk. The incidence of VTE in women not using COCs is 2/10,000, increasing to 5–7/10,000 with second-generation pills and up to 9–12/10,000 with third-generation formulations.
Analysis of seven studies (observational, case-control, and reviews) confirms that COC use is associated with an increased risk of VTE and PE, with relative risks ranging from 3.5 to 4.2 depending on the cohort. Factors such as age (>30 years), smoking, obesity, previous thrombotic events, higher estrogen doses, type of progestogen, and low socioeconomic status further enhance this risk.
PE may present asymptomatically or with variable symptoms, the most common being sudden-onset dyspnea, pleuritic chest pain, and syncope. Long-term sequelae include chronic pulmonary hypertension and permanent lung parenchymal damage.
These findings reinforce the need for individualized prescription, assessing each patient’s risk profile and prioritizing formulations with lower hormonal doses and safer-generation progestogens. Identifying and controlling predisposing factors is essential to minimize severe complications such as pulmonary embolism.