Las úlceras por presión (UPP) son lesiones localizadas en piel y tejidos subyacentes, generalmente sobre prominencias óseas, causadas por presión mantenida o combinada con cizallamiento. Su prevalencia hospitalaria oscila entre el 5 % y el 15 %, alcanzando cifras mayores en unidades de cuidados intensivos. Los pacientes con alteraciones neurológicas, edad avanzada, desnutrición, incontinencia, inmovilización prolongada o complexión corporal delgada presentan mayor riesgo.
La clasificación de las UPP se divide en cuatro categorías según la profundidad y extensión de la lesión, incluyendo formas no estadiables y sospechas de daño tisular profundo. En su fisiopatología, la presión prolongada que excede la presión capilar arterial y venosa impide la perfusión, originando hipoxia, isquemia y necrosis tisular.
La prevención se fundamenta en estrategias como el reposicionamiento frecuente y correcto (idealmente cada 2-4 h y evitando grandes inclinaciones), el uso de superficies de apoyo especializadas (presión constante baja o alternante), la optimización del estado nutricional y la protección cutánea mediante apósitos profilácticos o agentes tópicos. El mantenimiento de la piel limpia y seca, junto con la reducción de humedad y fricción, resulta esencial.
El abordaje integral requiere la implicación del equipo sanitario, adaptando intervenciones a la situación clínica y funcional del paciente para minimizar riesgos y complicaciones.
Pressure ulcers are localized injuries to the skin and underlying tissues, usually over bony prominences, caused by sustained pressure or a combination of pressure and shear. Their hospital prevalence ranges from 5% to 15%, with higher figures observed in intensive care units. Patients with neurological impairments, advanced age, malnutrition, incontinence, prolonged immobilization, or a thin body build are at greater risk.
The classification of PUs is divided into four categories according to the depth and extent of the injury, including unstageable forms and suspected deep tissue damage. In their pathophysiology, prolonged pressure exceeding arterial and venous capillary pressures impedes perfusion, leading to hypoxia, ischemia, and tissue necrosis.
Prevention is based on strategies such as frequent and correct repositioning (ideally every 2–4 hours, avoiding steep inclines), the use of specialized support surfaces (constant low-pressure or alternating pressure), optimization of nutritional status, and skin protection through prophylactic dressings or topical agents. Maintaining the skin clean and dry, along with reducing moisture and friction, is essential.
A comprehensive approach requires the involvement of the healthcare team, adapting interventions to the patient’s clinical and functional status to minimize risks and complications.