Alicia Román Rojas, María Jiménez Amuedo, Francisco Javier Álvarez Arjonilla, Laura Santos Rodríguez
La atención al recién nacido durante las primeras horas y días de vida es determinante para prevenir complicaciones y favorecer un desarrollo óptimo. La matrona, profesional especializada en salud perinatal, asume un papel central en este proceso, combinando cuidados clínicos, apoyo a la familia, educación sanitaria y realización de procedimientos esenciales como el cribado neonatal. Este cribado, comúnmente conocido como “prueba del talón”, permite la detección precoz de trastornos metabólicos, endocrinos y genéticos potencialmente graves, evitando secuelas y mejorando el pronóstico mediante tratamiento temprano. Entre las competencias de la matrona destacan la valoración inicial del neonato mediante escalas como Apgar, la promoción del contacto piel con piel, la estabilización térmica y medidas cardiorrespiratorias, y la aplicación de medidas preventivas según protocolos (profilaxis ocular y administración de vitamina K). Además, realiza exploraciones completas, identifica señales de alarma, orienta a las familias y coordina el seguimiento en atención primaria. La calidad de la intervención requiere protocolo estandarizado, formación continua y coordinación interprofesional. Este artículo analiza de forma exhaustiva las funciones de la matrona en los cuidados inmediatos y diferidos del recién nacido, y en el cribado neonatal, resaltando su relevancia para la salud pública y proponiendo estrategias de mejora asistencial.
Care of the newborn during the first hours and days of life is crucial to prevent complications and promote optimal development. The midwife, a professional specialized in perinatal health, plays a central role in this process, combining clinical care, family support, health education, and the performance of essential procedures such as neonatal screening. This screening, commonly known as the “heel-prick test,” enables the early detection of potentially serious metabolic, endocrine, and genetic disorders, preventing sequelae and improving prognosis through timely treatment.
The midwife’s competencies include the initial assessment of the newborn using scales such as Apgar, promotion of skin-to-skin contact, thermal stabilization and cardiorespiratory measures, and administration of preventive interventions according to protocols (ocular prophylaxis and vitamin K administration). In addition, the midwife conducts complete examinations, identifies warning signs, provides guidance to families, and coordinates follow-up care in primary healthcare. The quality of the intervention requires standardized protocols, continuous training, and interprofessional coordination.
This article provides a comprehensive analysis of the midwife’s roles in immediate and deferred newborn care and neonatal screening, highlighting their relevance to public health and proposing strategies to improve care delivery.