Laura López Nolasco, Cristina Pérez Villalba, Inés Zarralanga Izaga, Inés Postigo Herrero, Marta Leza Gracia
El manejo del dolor postoperatorio es fundamental en la recuperación del paciente quirúrgico, y la enfermería desempeña un papel clave en su evaluación, control y seguimiento. El dolor postoperatorio, si no se trata de manera efectiva, puede retrasar la recuperación, aumentar la morbilidad y favorecer la aparición de dolor crónico. La primera medida es una valoración sistemática del dolor, utilizando escalas validadas como la Escala Visual Analógica (EVA), la Escala Numérica (NRS) o las escalas de expresión facial (FPS), que permiten identificar la intensidad y características del dolor.
El enfoque de enfermería incluye intervenciones farmacológicas y no farmacológicas. Entre las farmacológicas destacan los analgésicos multimodales, que combinan opioides, AINE, inhibidores selectivos de COX-2, dexametasona, ketamina y gabapentinoides, ajustados según la cirugía y las características del paciente, con el objetivo de maximizar la analgesia, reducir efectos adversos y minimizar el uso de opioides.
En cuanto a las medidas no farmacológicas, se promueve la participación activa del paciente mediante técnicas de relajación, movilización temprana, fisioterapia, calor local, contacto físico y otras intervenciones complementarias, como plantas medicinales. Estas estrategias aumentan la autonomía, mejoran la satisfacción y favorecen la recuperación funcional.
La enfermería también tiene un rol clave en la educación del paciente, estableciendo expectativas realistas sobre el dolor, enseñando técnicas de autocuidado y fomentando la comunicación con el equipo multidisciplinario. La implementación de un plan de manejo del dolor individualizado y multimodal, que combine farmacología, medidas no farmacológicas y seguimiento cercano, constituye la estrategia más eficaz para garantizar confort, seguridad y una recuperación postoperatoria óptima.
Postoperative pain management is fundamental in the recovery of the surgical patient, and nursing plays a key role in its evaluation, control and follow-up. Postoperative pain, if not treated effectively, can delay recovery, increase morbidity and promote the onset of chronic pain. The first measure is a systematic evaluation of pain, using validated scales such as the Visual Analog Scale (VAS), the Numerical Scale (NRS) or the Facial Expression Scales (FPS), which identify the intensity and characteristics of the pain.
The nursing approach includes both pharmacological and non-pharmacological interventions. Pharmacological drugs include multimodal analgesics, which combine opioids, NSAIDs, COX-2 selective inhibitors, dexamethasone, ketamine and gabapentinoids, adjusted according to the surgery and patient characteristics, with the aim of maximizing analgesia, reducing adverse effects and minimizing opioid use.
For non-pharmacological measures, active patient participation is promoted through techniques of relaxation, early mobilization, physiotherapy, local heat, physical contact and other complementary interventions such as medicinal plants. These strategies increase autonomy, improve satisfaction and promote functional recovery.
Nursing also has a key role in patient education, setting realistic expectations about pain, teaching self-care techniques and fostering communication with the multidisciplinary team. The implementation of an individualized and multimodal pain management plan that combines pharmacology, non-pharmacological measures and close monitoring is the most effective strategy to ensure comfort, safety and optimal postoperative recovery.