La migración es un fenómeno complejo que puede afectar significativamente a la salud mental, especialmente en etapas vulnerables como la adolescencia. Este artículo presenta el caso clínico, una adolescente colombiana de 15 años que emigra a España para reunirse con su madre tras cinco años de separación. Una vez en España, el proceso de adaptación resulta complicado por la aparición de múltiples fuentes de estrés, los cuales se relacionan con la aparición de síntomas psicológicos de diferente naturaleza (emocional, alimentaria…), así como abandono escolar.
El análisis del caso permite identificar múltiples factores que inciden en su sintomatología: separación prolongada, duelo no elaborado, aculturación forzada, pérdida de referentes sociales, barreras lingüísticas y falta de acompañamiento institucional. No obstante, también se observa una evolución positiva a partir de la construcción de nuevas redes sociales y el acceso a apoyo clínico especializado, lo que refleja el papel fundamental del entorno y del acompañamiento terapéutico en la recuperación.
El caso subraya la importancia de considerar la variable migración en la evaluación clínica, incorporando una mirada contextual, familiar y transcultural. Asimismo, pone de relieve la necesidad de políticas públicas y estrategias institucionales que favorezcan la inclusión social, el bienestar emocional y la equidad en el acceso a la salud mental para las personas migrantes.
Migration is a complex phenomenon that can significantly impact mental health, particularly during vulnerable stages such as adolescence. This article presents a clinical case of a 15-year-old Colombian adolescent who migrated to Spain to reunite with her mother after five years of separation. Upon arrival in Spain, the adaptation process proved challenging due to the emergence of multiple stressors, which were associated with the onset of diverse psychological symptoms (emotional, eating-related, among others), as well as school dropout.
The case analysis allows the identification of multiple factors contributing to her symptomatology: prolonged separation, unresolved grief, forced acculturation, loss of social references, language barriers, and insufficient institutional support. Nevertheless, a positive evolution was also observed through the construction of new social networks and access to specialized clinical support, highlighting the fundamental role of the environment and therapeutic accompaniment in recovery.
This case underscores the importance of considering migration as a key variable in clinical assessment, incorporating contextual, familial, and transcultural perspectives. Furthermore, it emphasizes the need for public policies and institutional strategies that foster social inclusion, emotional well-being, and equitable access to mental health care for migrant populations.