El collarín cervical ha sido un elemento habitual en la atención prehospitalaria de pacientes politraumatizados por accidentes de tráfico, con el propósito de prevenir lesiones medulares secundarias mediante la inmovilización de la columna cervical. Sin embargo, su uso rutinario ha sido objeto de debate debido a la escasa evidencia que demuestre una disminución clara de daño neurológico y por la creciente documentación de efectos adversos, como el incremento de la presión intracraneal, dificultades en el manejo de la vía aérea, aparición de lesiones cutáneas por presión y potenciales retrasos en procedimientos críticos. En respuesta, han surgido estrategias basadas en reglas de decisión clínica —como NEXUS y la Canadian C-Spine Rule— que permiten identificar pacientes de bajo riesgo y evitar inmovilizaciones innecesarias. Este artículo revisa la evidencia actual, analiza beneficios y limitaciones del collarín cervical en el contexto de accidentes de tráfico y propone una orientación hacia la inmovilización selectiva respaldada por protocolos estandarizados y formación del personal prehospitalario. Se subraya la necesidad de estudios controlados adicionales para clarificar el balance riesgo-beneficio del dispositivo.
The cervical collar has long been a common tool in prehospital care of polytrauma patients involved in traffic accidents, intended to prevent secondary spinal cord injury by immobilizing the cervical spine. However, routine use is debated due to limited evidence of a clear reduction in neurological damage and increasing reports of adverse effects, such as raised intracranial pressure, airway management difficulties, pressure-related skin injuries, and potential delays in critical interventions. In response, decision rules such as NEXUS and the Canadian C-Spine Rule have been developed to identify low-risk patients and avoid unnecessary immobilization. This article reviews current evidence, examines benefits and limitations of the cervical collar in traffic accident trauma, and advocates for selective immobilization supported by standardized protocols and prehospital provider training. Further controlled studies are needed to clarify the device’s risk–benefit balance.