Los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración (LARC), como el dispositivo intrauterino (DIU) y el implante subdérmico, son opciones eficaces para prevenir embarazos no planificados, con tasas de fallo inferiores al 1 % anual. Sin embargo, la satisfacción y continuidad en su uso dependen no solo de su eficacia clínica, sino también de las experiencias subjetivas de las mujeres, influenciadas por el manejo del dolor, efectos secundarios, calidad de la comunicación con el personal de salud y el contexto sociocultural. Esta revisión sistemática de estudios publicados entre 2018 y 2024 en diversas regiones (Estados Unidos, América Latina y África) evidenció altos niveles de satisfacción, pero también barreras como el dolor durante la inserción del DIU, efectos secundarios menstruales, mitos culturales, coerción médica y deficiencias en el asesoramiento. Se concluye que mejorar la experiencia de las usuarias requiere protocolos efectivos para el manejo del dolor, educación personalizada, respeto por la autonomía, intervenciones culturalmente sensibles y políticas que erradiquen la coerción, para así fomentar la aceptación, adherencia y bienestar reproductivo.
Long-acting reversible contraceptives (LARCs), such as intrauterine devices (IUDs) and subdermal implants, are highly effective options for preventing unintended pregnancies, with failure rates below 1% per year. However, user satisfaction and continuation depend not only on clinical effectiveness but also on women’s subjective experiences, influenced by pain management, side effects, quality of communication with healthcare providers, and sociocultural context. This systematic review of studies published between 2018 and 2024 across various regions (United States, Latin America, and Africa) found high satisfaction rates but also barriers such as pain during IUD insertion, menstrual side effects, cultural myths, medical coercion, and inadequate counseling. The study concludes that enhancing user experience requires effective pain management protocols, personalized education, respect for autonomy, culturally sensitive interventions, and policies to eliminate coercion, thereby promoting acceptance, adherence, and reproductive well-being.