Joan Marín Egea, Valvanera Uterga Rodríguez, Aroa Calvo Sanjuan, Marta Fernández Marín, Marta Iglesias Belles, Olaia Grijalbo Barcenilla
La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel que, aunque no es contagiosa, puede llegar a ser bastante molesta y afectar mucho a la calidad de vida de quienes la padecen. Se caracteriza por la aparición de placas rojas y escamosas en zonas como los codos, las rodillas, el cuero cabelludo o incluso las uñas. Hay distintos tipos, desde la más común que es la psoriasis en placas, hasta otras formas más raras o graves, como la pustulosa o la eritrodérmica. El origen de la enfermedad tiene una base genética, pero no siempre se manifiesta igual en todas las personas. Factores como infecciones, estrés, ciertos medicamentos, el tabaco o incluso el alcohol pueden desencadenar o empeorar los brotes. Además, el sistema inmunitario juega un papel clave: en la psoriasis funciona “descontrolado”, provocando inflamación y una renovación de la piel mucho más rápida de lo normal. Para diagnosticarla, lo principal es la exploración física y, en casos dudosos, se puede hacer una biopsia. También se valora si hay afectación en las articulaciones, ya que algunas personas desarrollan artritis psoriásica. En cuanto al tratamiento, no existe una cura definitiva, pero sí muchas formas de controlar los brotes y mejorar los síntomas. Desde medidas sencillas como hidratar bien la piel, evitar el estrés o cuidar la alimentación, hasta tratamientos médicos como cremas con corticoides o vitamina D, fototerapia e incluso medicación sistémica o biológica en los casos más graves. Eso sí, no todos los tratamientos funcionan igual en todas las personas, y algunos pueden tener efectos secundarios, por lo que es importante un buen seguimiento médico.
Psoriasis is a chronic skin disease that, although not contagious, can be quite bothersome and greatly affect the quality of life of those who suffer from it. It is characterized by the appearance of red, scaly patches on areas such as the elbows, knees, scalp, or even the nails. There are different types, from the most common one, plaque psoriasis, to less frequent or more severe forms, such as pustular or erythrodermic psoriasis. The origin of the disease has a genetic basis, but it does not always manifest in the same way in every person. Factors such as infections, stress, certain medications, smoking, or even alcohol can trigger or worsen flare-ups. In addition, the immune system plays a key role: in psoriasis it acts “out of control,” causing inflammation and a much faster-than-normal skin renewal process. For diagnosis, the main approach is physical examination, and in doubtful cases, a skin biopsy can be performed. It is also important to assess whether there is joint involvement, as some patients may develop psoriatic arthritis. As for treatment, there is no definitive cure, but there are many ways to control flare-ups and improve symptoms. These range from simple measures such as keeping the skin well hydrated, reducing stress, or maintaining a healthy diet, to medical treatments like creams with corticosteroids or vitamin D, phototherapy, and even systemic or biological medication in more severe cases. However, not all treatments work the same for everyone, and some may have side effects, which makes close medical follow-up essential.