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António Sanchez Silva
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Neuza Silva
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Yaneth Gonçalves
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Henrique Machado
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Paloma Tejero García
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Alcalá de Henares, España
Introducción: La alopecia androgenética es la forma más común de pérdida de cabello en ambos sexos. Mientras que los tratamientos tradicionales incluyen el minoxidil y los inhibidores de la 5α-reductasa, existe un interés creciente por los enfoques naturales, incluidos los suplementos y las vitaminas.
Objetivos: Evaluar la evidencia científica disponible sobre los suplementos y sus mecanismos de acción, la eficacia clínica, los efectos adversos y el grado de recomendación respectivo (Serenoa repens, Pygeum africanum, ketoconazol, vitamina D, zinc y biotina) en el tratamiento del AAG en adultos sanos.
Material y Métodos: Se realizó una revisión narrativa en las bases de datos PubMed, MedLine y Google Scholar, incluyendo artículos publicados en los últimos 20 años, escritos en portugués, inglés, francés o italiano. La selección siguió los criterios PRISMA y la calidad de la evidencia se evaluó según la clasificación SORT.
Resultados: Los suplementos investigados fueron: Serenoa repens y Pygeum africanum -con acción inhibidora de la 5α-reductasa y potencial para mejorar la densidad capilar-; ketoconazol, con efecto coadyuvante cuando se utiliza en combinación; zinc y vitamina D eficaces sólo en situaciones de carencia demostrada; y biotina indicada exclusivamente para casos de deficiencia nutricional.
Discusíon: Serenoa repens presenta la evidencia más sólida y se recomienda como monoterapia. Pygeum africanum y ketoconazol muestran un beneficio limitado, principalmente como adyuvantes. Las restantes no han demostrado eficacia en personas sin deficiencia.
Conclusiones: La Serenoa repens se recomienda para el tratamiento en monoterapia de la alopecia androgenética y el ketoconazol tópico puede considerarse una opción complementaria. Los otros suplementos evaluados no se recomiendan en esta población. La prescripción de estos compuestos debe ser cautelosa, individualizada y siempre apoyada en la evidencia disponible. La falta de estudios clínicos sólidos refuerza la necesidad de futuras investigaciones para validar la eficacia y seguridad de estas intervenciones en la práctica médica.
Introduction: Androgenetic alopecia is the most common form of hair loss in both sexes. While traditional treatments include minoxidil and 5α-reductase inhibitors, there is growing interest in natural approaches, including supplements and vitamins.
Objectives: Evaluate the available scientific evidence on supplements and their mechanisms of action, clinical efficacy, adverse effects, and respective grade of recommendation (Serenoa repens, Pygeum africanum, ketoconazole, vitamin D, zinc, and biotin) in the treatment of OAG in healthy adults.
Materials and Methods: A narrative review was conducted in the PubMed, MedLine, and Google Scholar data -bases, including articles published in the last 20 years and written in Portuguese, English, French, or Italian. The selection followed the PRISMA criteria, and the quality of evidence was assessed according to the SORT classification.
Results: The supplements investigated were: Serenoarepens and Pygeum africanum—with 5α-reductase inhibitors and potential to improve hair density; ketoconazole, with an adjuvant effect when used in combination; zinc and vitamin D, effective only in cases of proven deficiency; and biotin, indicated exclusively for cases of nutritional deficiency.
Discussion: Serenoa repens presents the strongest evidence and is recommended as monotherapy. Pygeumafricanum and ketoconazole show limited benefit, mainly as adjuvants. The remaining supplements have not demonstrated efficacy in individuals without deficiency.
Conclusions: Serenoa repens is recommended as mono -therapy for the treatment of androgenetic alopecia, and topical ketoconazole can be considered a complementary option. The other supplements evaluated are not recommended in this population. The prescription of these supplements should be cautious, individualized, and always supported by the available evidence. The lack of robust clinical studies rein-forces the need for future research to validate the efficacy and safety of these interventions in medical practice.