Olaia Grijalbo Barcenilla, Joan Marín Egea, Valvanera Uterga Rodríguez, Aroa Calvo Sanjuan, Marta Fernández Marín, Marta Iglesias Belles
El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune crónica que afecta principalmente a las glándulas exocrinas, ocasionando sequedad bucal y ocular. Su origen es multifactorial, con influencia de factores genéticos, ambientales, inmunológicos y hormonales. Se caracteriza por la infiltración linfocitaria y la hiperactividad de células B, lo que produce autoanticuerpos como anti-Ro y anti-La, asociados a un mayor riesgo de linfoma.
Además de las manifestaciones glandulares, puede afectar múltiples órganos y sistemas, produciendo artritis, fenómeno de Raynaud, alteraciones tiroideas, pulmonares, gastrointestinales, neurológicas, hepáticas, hematológicas y cutáneas. El diagnóstico resulta complejo debido a la similitud de síntomas con otras patologías y se apoya en pruebas serológicas y clínicas.
Aunque no existe cura, el tratamiento busca aliviar los síntomas y controlar la progresión de la enfermedad. Incluye medidas no farmacológicas (higiene de vida, humidificación, hidratación), tratamientos paliativos (lágrimas artificiales, saliva sustitutiva), fármacos como pilocarpina, antiinflamatorios, corticoides e inmunosupresores. En casos graves se emplean terapias biológicas dirigidas a los linfocitos B.
Sjögren’s syndrome (SS) is a chronic autoimmune disease primarily affecting the exocrine glands, leading to dry mouth and eyes. Its pathogenesis is multifactorial, involving genetic predisposition, environmental triggers, hormonal factors, and immune dysregulation, particularly B-cell hyperactivity and autoantibody production (anti-Ro/SSA and anti-La/SSB). Beyond glandular symptoms, SS may present systemic manifestations including arthritis, thyroid disease, pulmonary, neurological, and hematological involvement. Diagnosis is challenging due to overlapping symptoms with other autoimmune disorders and relies on serological markers and clinical evaluation. While no curative treatment exists, management focuses on symptom relief with artificial tears, saliva substitutes, secretagogues, anti-inflammatory drugs, corticosteroids, and immunosuppressants. In severe cases, biological therapies targeting B cells, such as rituximab, offer promising outcomes.