Silvia Pérez Ortiz, Isabel Shengyin de la Parra Colom, Alba Moliner Gil, Laura Murillo Eito, Zhasmina Ivanova Ivanova
El running es una actividad ampliamente practicada por sus beneficios para la salud, especialmente a nivel musculoesquelético. Su práctica regular mejora la densidad ósea, fortalece músculos y articulaciones, y reduce el riesgo de patologías como la osteoartritis en corredores recreativos. Sin embargo, en corredores de larga distancia, la incidencia de lesiones es elevada, afectando principalmente rodilla, tobillo y pie.
Entre el 20 % y el 70 % de los corredores sufre alguna lesión al año. Las más frecuentes incluyen fascitis plantar, tendinopatía aquílea y fracturas por estrés. Estos problemas se relacionan con una carga de entrenamiento inadecuada, déficits de fuerza, biomecánica incorrecta y antecedentes de lesiones. Factores como el sueño, la nutrición y el entorno también influyen.
Aunque el running extremo puede generar efectos adversos en sistemas como el cardiovascular, respiratorio o renal, una práctica controlada y progresiva sigue siendo segura y beneficiosa. Las estrategias preventivas incluyen la progresión gradual, el fortalecimiento muscular, la corrección técnica, el uso de calzado adecuado y el descanso suficiente.
En conclusión, el running aporta beneficios relevantes para el sistema musculoesquelético, pero requiere un enfoque preventivo integral para minimizar riesgos y promover una práctica saludable y sostenible.
Running is a widely practiced activity due to its health benefits, particularly for the musculoskeletal system. Regular participation improves bone mineral density, strengthens muscles and joints, and reduces the risk of conditions such as osteoarthritis in recreational runners. However, in long-distance runners, the incidence of injuries is high, mainly affecting the knee, ankle, and foot.
Between 20% and 70% of runners experience at least one injury per year. The most common are plantar fasciitis, Achilles tendinopathy, and stress fractures. These issues are often linked to improper training loads, muscle imbalances, poor biomechanics, and previous injury history. Additional factors such as sleep quality, nutrition, and environmental conditions also play a role.
While extreme running can negatively impact cardiovascular, respiratory, renal, and musculoskeletal systems, controlled and progressive training remains safe and beneficial. Preventive strategies include gradual load progression, targeted muscle strengthening, technical correction, appropriate footwear selection, and adequate rest.
In conclusion, running provides significant musculoskeletal benefits, but requires a comprehensive preventive approach to reduce injury risk and support long-term, healthy practice.