La anafilaxia es la reacción alérgica aguda más grave y potencialmente mortal, cuya incidencia ha aumentado en los últimos años. Se estima entre 50 y 112 casos por cada 100.000 personas/año, siendo más frecuente en niños por alimentos y en adultos por fármacos. A pesar del incremento en hospitalizaciones, la mortalidad sigue siendo baja.
Desde el punto de vista fisiopatológico, puede originarse por mecanismos inmunológicos mediados por IgE, que provocan desgranulación de mastocitos y liberación de histamina, o por mecanismos no inmunológicos (anafilactoides), en los que ciertos fármacos actúan directamente sobre mastocitos y basófilos. Los desencadenantes más comunes son alimentos como maní, nueces y mariscos; medicamentos como betalactámicos y medios de contraste; y venenos de insectos. Factores coadyuvantes como ejercicio, alcohol o temperaturas extremas pueden potenciar el riesgo.
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en el inicio súbito de síntomas cutáneos, respiratorios, circulatorios y/o gastrointestinales tras la exposición a un alérgeno. Los criterios del NIAID/FAAN (2005) son los más utilizados. La determinación de triptasa sérica puede apoyar el diagnóstico, aunque no siempre resulta concluyente.
El manejo agudo en urgencias requiere identificación precoz y administración inmediata de adrenalina intramuscular en el muslo, considerada el tratamiento de elección por su eficacia en revertir broncoespasmo y colapso cardiovascular. Otras medidas incluyen posicionamiento adecuado del paciente, oxigenoterapia y reposición de volumen. Los antihistamínicos y corticoides son fármacos de segunda línea para controlar síntomas cutáneos y prevenir reacciones prolongadas.
La capacitación del personal, la existencia de protocolos y la disponibilidad inmediata de material y medicación son esenciales para garantizar una atención eficaz y segura ante una urgencia anafiláctica.
Anaphylaxis is the most severe and potentially life-threatening acute allergic reaction, whose incidence has increased in recent years. It is estimated at 50 to 112 cases per 100,000 people per year, being more frequent in children due to food and in adults due to drugs. Despite the rise in hospitalizations, mortality remains low.
From a pathophysiological perspective, anaphylaxis may occur through immunological mechanisms mediated by IgE, which trigger mast cell degranulation and histamine release, or through non-immunological mechanisms (anaphylactoid reactions), in which certain drugs directly activate mast cells and basophils. The most common triggers include foods such as peanuts, tree nuts, and shellfish; drugs such as beta-lactams and contrast media; and insect stings. Cofactors such as exercise, alcohol, or extreme temperatures may increase the risk.
Diagnosis is essentially clinical, based on the sudden onset of cutaneous, respiratory, circulatory, and/or gastrointestinal symptoms after allergen exposure. The NIAID/FAAN (2005) criteria are the most widely accepted. Serum tryptase measurement can support diagnosis, although it is not always conclusive.
Acute management in the emergency setting requires early recognition and prompt intramuscular administration of epinephrine into the thigh, considered the treatment of choice due to its effectiveness in reversing bronchospasm and cardiovascular collapse. Additional measures include proper patient positioning, oxygen therapy, and fluid resuscitation. Antihistamines and corticosteroids are considered second-line treatments to control skin symptoms and prevent prolonged reactions.
Health professional training, clear action protocols, and immediate availability of materials and medications are essential to ensure effective and safe care in cases of anaphylaxis emergencies.