El método madre canguro (MMC) constituye una estrategia de cuidado neonatal dirigida a recién nacidos con bajo peso al nacer, fundamentada en el contacto piel con piel, la lactancia materna y la posibilidad de alta precoz. Surgido en 1979 en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá, este método ha demostrado ser una intervención costo-efectiva, segura y aplicable en diversos contextos sanitarios, trascendiendo su propósito inicial en entornos con recursos limitados para consolidarse como un estándar de atención a nivel mundial.
Desde la perspectiva fisiológica, el MMC favorece la termorregulación, la estabilidad hemodinámica y respiratoria, así como una adecuada oxigenación, reduciendo episodios de apnea, bradicardia e infecciones nosocomiales. Estas condiciones repercuten de manera positiva en el desarrollo neurológico y en la disminución de la morbilidad y mortalidad neonatal. En el ámbito psicológico, se ha documentado una reducción significativa de los niveles de ansiedad y depresión materna, fortalecimiento del vínculo afectivo madre-hijo y mejora en la calidad del sueño. Asimismo, el neonato experimenta menor tiempo de llanto, reducción en los niveles de cortisol y una mejor respuesta analgésica frente a procedimientos invasivos.
En relación con la alimentación, el MMC promueve la instauración precoz y eficaz de la lactancia materna, lo cual impacta favorablemente en la nutrición, la ganancia ponderal y la prevención de complicaciones metabólicas.
El rol de enfermería resulta fundamental en la implementación de este método, no solo en la aplicación técnica, sino también en la educación y acompañamiento a las familias, considerando aspectos culturales y sociales. La práctica basada en evidencia, unida a la actualización profesional continua, permite a la enfermería consolidarse como pilar en la provisión de cuidados humanizados y de calidad, contribuyendo a optimizar la supervivencia y la calidad de vida de los recién nacidos prematuros.
The Kangaroo Mother Care (KMC) method is a neonatal care strategy designed for low-birth-weight infants, based on skin-to-skin contact, breastfeeding, and the possibility of early discharge. Originating in 1979 at the San Juan de Dios Hospital in Bogotá, this method has proven to be a cost-effective, safe, and widely applicable intervention. Initially developed for resource-limited settings, it has since become a globally recognized standard of neonatal care.
From a physiological perspective, KMC promotes thermoregulation, hemodynamic and respiratory stability, as well as adequate oxygenation, while reducing episodes of apnea, bradycardia, and nosocomial infections. These benefits positively impact neurological development and contribute to lower neonatal morbidity and mortality. Psychologically, KMC significantly reduces maternal anxiety and depression, strengthens the mother-infant bond, and improves sleep quality. For the newborn, it leads to decreased crying, lower cortisol levels, and enhanced analgesic effects during minor clinical procedures, making it a non-pharmacological strategy endorsed by major pediatric societies.
In terms of nutrition, KMC facilitates early and effective initiation of breastfeeding, which positively influences weight gain, metabolic stability, and overall clinical outcomes.
Nursing plays a fundamental role in the implementation of KMC, extending beyond technical application to include education and family support. This requires considering cultural and social factors while promoting autonomy and confidence among caregivers. Evidence-based practice, combined with continuous professional development, positions nursing as a cornerstone in delivering high-quality, humanized care, ultimately improving survival rates and quality of life in preterm infants.