Paula Narro Hernández, Julio Carabantes Bautista, Paula López Pérez, Aldara Cornejo Robles, Julia Pérez Adiego, Pilar Navarro Palacios
El cambio climático constituye una de las principales amenazas para la salud global, al influir directamente en la propagación de enfermedades transmitidas por vectores (ETV). Este fenómeno, caracterizado por el aumento sostenido de la temperatura global, alteraciones en las precipitaciones y mayor frecuencia de eventos extremos, ha favorecido la expansión de mosquitos, garrapatas y otros vectores hacia nuevas regiones. Dichas condiciones incrementan la incidencia y la gravedad de enfermedades como dengue, malaria, Zika, chikungunya, leishmaniasis y enfermedad de Lyme.
La temperatura regula procesos clave en vectores y patógenos: entre 20 °C y 32 °C, los mosquitos acortan el período de incubación de virus y parásitos, aumentando la transmisión. Las lluvias intensas generan criaderos urbanos, mientras que sequías concentran la interacción entre humanos y vectores. Estas dinámicas ya se reflejan en brotes recientes: el recrudecimiento del dengue en América Latina, la aparición de casos autóctonos en Europa, la malaria en zonas altas de África y los Andes, y la expansión de la enfermedad de Lyme en Norteamérica y Europa.
Las consecuencias sanitarias incluyen mayor morbilidad, mortalidad y costes económicos directos e indirectos. La vulnerabilidad de las poblaciones sin acceso a control vectorial refuerza la urgencia de intervenciones eficaces. Entre las medidas destacan: fumigación, eliminación de criaderos, control biológico, vigilancia epidemiológica y vacunas como Dengvaxia y Qdenga. Asimismo, se resalta el enfoque One Health, que integra salud humana, animal y ambiental para una respuesta global y sostenible.
En conclusión, el cambio climático potencia la expansión de las ETV y exige estrategias integrales de mitigación y adaptación, con especial atención en regiones vulnerables como España.
Climate change is one of the main threats to global health, directly influencing the spread of vector-borne diseases (VBDs). This phenomenon, characterized by the sustained increase in global temperature, changes in rainfall patterns, and more frequent extreme weather events, has favored the expansion of mosquitoes, ticks, and other vectors into new regions. These conditions increase the incidence and severity of diseases such as dengue, malaria, Zika, chikungunya, leishmaniasis, and Lyme disease.
Temperature regulates key processes in both vectors and pathogens: between 20 °C and 32 °C, mosquitoes shorten the incubation period of viruses and parasites, thus increasing transmission. Heavy rainfall creates urban breeding sites, while droughts concentrate human-vector interactions. These dynamics are already reflected in recent outbreaks: the resurgence of dengue in Latin America, the emergence of autochthonous cases in Europe, malaria in highland areas of Africa and the Andes, and the spread of Lyme disease in North America and Europe.
The health consequences include higher morbidity, mortality, and direct and indirect economic costs. The vulnerability of populations without access to effective vector control reinforces the urgency of interventions. Key measures include fumigation, elimination of breeding sites, biological control, epidemiological surveillance, and vaccines such as Dengvaxia and Qdenga. Additionally, the One Health approach, integrating human, animal, and environmental health, is emphasized as essential for a global and sustainable response.
In conclusion, climate change is driving the expansion of VBDs and requires comprehensive mitigation and adaptation strategies, with special attention to vulnerable regions such as Spain.