J.I. Ibarra Lúzar, María Jesús Rodríguez Bonache
El enfermo crónico, aparte de sus facetas médico-sanitarias, presenta otros aspectos sociolaborales que le han llevado históricamente a una situación de marginación y de negación de sus derechos propios como persona. Esta situación, que afecta a un número importante de la población de los distintos países, ha hecho que los colectivos de enfermos discapacitados vieran la necesidad de crear asociaciones y organizaciones como un instrumento para canalizar sus inquietudes, con promoción de toda clase de acciones e informaciones para sus asociados, con el afán de conseguir el máximo bienestar posible.
La existencia de las asociaciones es importante tanto para el médico como para el enfermo crónico y sus familiares. Para el médico, porque conocer su existencia y sus prestaciones, hace que pueda derivar enfermos a a las mismas para que orienten a los pacientes y a sus familiares acerca de lo que éstas pueden ofrecer. Por otra parte, las asociaciones aportan al médico y a las instituciones un prestigio, por el alto concepto sobre las competencias profesionales y el buen trato que reciben. Para los enfermos crónicos, porque el enfermo no es sólo la enfermedad, también, y sobre todo, es una persona enferma con todo lo que supone de limitaciones de forma global (relaciones laborales y sociales, necesidades escolares y económicas, ocio, ayudas, técnicas, ayudas en el domicilio, etc) y donde el médico, responsable de atender la enfermedad, no siempre puede aconsejar. Para los familiares porque se sienten orientados, apoyados y ayudados por una organización en la que se integran personas afectadas de enfermedades que conducen a una discapacidad similar.