Pablo de Fez Febré, Cristina Gargallo Martínez, Carlos Antonio Utria Hernández, Sara Plou Izquierdo, Alberto Muñoz Vos, Andrea Soriano Barrera
El dolor abdominal funcional en la infancia es una causa frecuente de consulta pediátrica. Se estima que entre un 8% y 15% de los niños en edad escolar pueden presentar dolor abdominal recurrente sin una causa orgánica demostrable1. La gran mayoría de estos casos (hasta el 90-95%) se atribuyen primariamente a factores psicológicos o emocionales1. Este tipo de dolor, clásicamente descrito por Apley como dolor abdominal recurrente cuando ocurre en al menos tres episodios en tres meses interfiriendo las actividades normales, suele considerarse un trastorno funcional o psicosomático una vez descartadas enfermedades orgánicas.
Diversos factores psicosociales pueden actuar como desencadenantes o agravantes del dolor abdominal funcional. El estrés y la ansiedad desempeñan un papel fundamental en la conexión cerebro-intestino del niño2. Situaciones como la presión académica o dificultades escolares, conflictos familiares (por ejemplo, separación o divorcio de los padres) o experiencias de acoso escolar (bullying) se han asociado con la aparición de síntomas somáticos en niños vulnerables3. En estos casos, el niño puede expresar a través de dolor físico emociones como la ansiedad ante una situación percibida como amenazante o estresante.
Presentamos el caso de una paciente pediátrica con dolor abdominal funcional asociado a factores de estrés psicosocial (separación parental y ansiedad escolar), subrayando la importancia de una evaluación integral y un manejo multidisciplinario en este tipo de cuadros.
Functional abdominal pain in childhood is a frequent cause of pediatric consultation. It is estimated that between 8% and 15% of school-aged children may present with recurrent abdominal pain in the absence of demonstrable organic pathology1. The vast majority of these cases (up to 90–95%) are primarily attributed to psychological or emotional factors1. This type of pain, classically described by Apley as recurrent abdominal pain—defined as at least three episodes within three months interfering with normal activities—is typically considered a functional or psychosomatic disorder once organic disease has been excluded.
Various psychosocial factors may act as triggers or aggravating elements of functional abdominal pain. Stress and anxiety play a central role in the child’s brain–gut axis2. Situations such as academic pressure or school difficulties, family conflicts (e.g., parental separation or divorce), and experiences of bullying have been associated with the emergence of somatic symptoms in vulnerable children3. In such cases, the child may express emotions such as anxiety toward a perceived threatening or stressful situation through physical pain.
We report the case of a pediatric patient with functional abdominal pain associated with psychosocial stressors (parental separation and school-related anxiety), highlighting the importance of comprehensive evaluation and multidisciplinary management in such presentations.