I. Sánchez Blanco, Carlos Ochoa Sangrador
, M. Izquierdo Sánchez
El pronóstico de función de una persona que ha sufrido un ictus cerebral es la base para responder las preguntas del paciente y su familia, para identificar los objetivos de rehabilitación y para valorar sus problemas y necesidades futuras, con el fin de adelantarnos a su solución o compensación. Definir grupos de pacientes con pronósticos homogéneos, es útil en la investigación clínica y para definir la casuística de los servicios asistenciales. Es preciso establecer pronósticos de función basados en la evidencia existente, que sean superiores al juicio informal sustentado en la experiencia clínica particular.
El período de tiempo en el que tiene lugar la recuperación está claramente relacionado con la gravedad inicial del ictus: a mayor gravedad, menor recuperación y más lenta. Más allá del quinto-sexto mes post-ictus, incluso en pacientes con ictus graves y muy graves, es difícil objetivar un mayor grado de recuperación mediante las escalas estándar que valoran las actividades de la vida diaria básicas.
Es posible estimar entre la primera y segunda semana del ictus, con una exactitud entre el 60-80%, un pronóstico de discapacidad a medio largo plazo. A pesar de algunas inconsistencias de la literatura, parece claro que variables sencillas en relación con la gravedad clínica de presentación del ictus tienen un poder predictivo mayor que los factores etiopatogénicos o la determinación del tamaño de la lesión mediante técnicas de neuroimagen. No obstante, realizar un pronóstico temprano para un paciente individual tiene siempre un grado de incertidumbre, por lo que es necesario seguir su evolución para confirmar o en su caso replantearnos el pronóstico inicial.