M.L. López de Munaín Marqués
La espasticidad complica con frecuencia la rehabilitación y los cuidados del paciente que ha sufrido un ictus.
El tratamiento es sintomático e individualizado. Se utilizan varias terapias de forma escalonada, comenzando con cinesiterapia y ortesis. Los fármacos vía oral son sólo parcialmente efectivos y suelen ser mal tolerados. Sin embargo, la infusión intratecal de Baclofen, aunque poco utilizada, es eficaz en el paciente hemipléjico.
El tratamiento focal de le espasticidad con bloqueos fenólicos tiene cierta dificultad y presenta como complicación posible el dolor neuropático, por lo que no ha tenido un uso generalizado. La toxina botulínica tipo A es una potente neurotoxina que bloquea la liberación de acetilcolina en la placa motora. En la última década se han publicado numerosos trabajos sobre su seguridad y eficacia en el tratamiento de la espasticidad. Las principales indicaciones en el paciente hemipléjico son el pie equino-varo y la espasticidad flexora de la extremidad superior. Produce descenso de un punto en la escala de Ashworth, aumento de los recorridos auriculares y mejoría en la capacidad funcional y la sobrecarga de los cuidadores. La duración media de los efectos es de tres meses con gran variabilidad. Los tratamientos coadyuvantes mediante cinesiterapia, vendajes funcionales, ortesis e incluso electroestimulación pueden contribuir al beneficio terapéutico y su duración.
Se describen los objetivos, indicaciones, planificación del tratamiento, técnica, acciones terapéuticas, efectos adversos y contraindicaciones. Finalmente se hace una breve revisión actualizada de los resultados publicados en el paciente con secuelas de ictus.