Alcorcón, España
Don Benito, España
Después de un ictus pueden ocurrir numerosos trastornos afectivos. La depresión es la alteración más frecuente seguida de la ansiedad, la apatía y la labilidad emocional. Su identificación y tratamiento son importantes por el impacto que tienen sobre la recuperación funcional y la integración social de estos pacientes. La morbilidad psicológica, en particular la ansiedad, puede paliarse mediante la explicación al paciente y a su familia de la naturaleza, pronóstico y consecuencias del ictus. El tratamiento farmacológico es eficaz y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina son de elección en la depresión post-ictus y también pueden ser útiles en el tratamiento de la labilidad emocional. La carga de los cuidadores compromete el funcionamiento familiar con repercusiones, fundamentalmente emocionales, en el cuidador principal. Los cuidadores han de ser involucrados en el tratamiento de rehabilitación y ha de tenerse en cuenta su posible sobrecarga.